jueves, 27 de diciembre de 2018

La Naval, el empleo, y la responsabilidad institucional.

Hace unos quince meses que mantuvimos la primera de las reuniones con el comité de empresa de La Naval. Como concejal resulta especialmente complicado mantener una reunión "aséptica" cuando del otro lado de la mesa está el vecino de tu ama, o el aita de una de las chavalas que entrenaste en la juventud. Era septiembre de 2017, y el comité lo tenía claro. Responsabilidades privadas y públicas al margen, se trataba de buscar entre todas una solución para el astillero, y ésta dependía en gran medida del papel que las instituciones asumiesen en el proceso. Pero la respuesta de las instituciones ha sido, por ponerle un adjetivo amable, tibia. 

Y aquí estamos, a falta de unos pocos días para que el ERE de extinción pueda dejar en la calle a toda la plantilla. Ezkerraldea puede perder definitivamente en unos pocos días unos 180 empleos industriales directos, y otros 4.000 indirectos. Y sí, desde las instituciones y la política, hay responsabilidades con el empleo. 


La Naval es una muestra más de los ecos que las decisiones políticas tienen en nuestro entorno. Que el PSOE de Zapatero decidiese privatizar en 2006 cuatro astilleros, incluido La Naval, fue una decisión política... y recordemos que de aquellos cuatro, La Naval es el que queda. Que el Gobierno Vasco y español se hayan puesto de perfil hasta el último momento es una decisión política. Que se apueste por vaciar de activos La Naval, para venderla al mejor postor sin carga alguna, es un decisión política (sí así es, nuestros vecinos y familias para algunos son "activos"). Al igual que desmantelar la industria y convertir Barakaldo y Ezkerraldea en el bazar de Bizkaia es también, una decisión política. 

Y existen alternativas, pero todas ellas pasan por un cambio en las políticas que se vienen desarrollando en nuestra comarca y municipio durante décadas de connivencia PNV-PSE. Y para muestra un botón: sorprende que la ponencia para la recuperación socio-económica de Ezkerraldea, aprobada por unanimidad en el Parlamento Vasco, haya sido transformada por PNV y PSE en puro fuego de artificio, con más de lo mismo, como por ejemplo la creación de más “parques empresariales o tecnológicos”, cuando los que tenemos están medio vacíos. Mientras pasan por alto medidas prioritarias como mantener el empleo existente, como es salvar La Naval.

A nivel municipal por ejemplo, un ayuntamiento tiene escasas competencias en materia de empleo... o eso nos han hecho creer. Pero si echamos la vista atrás, vemos que no es así. A principios de los 90, las brigadas municipales de Barakaldo superaban la centena de empleos directos; hoy en día apenas superan la docena. PSE y PNV han apostado por sub-contratar sistemáticamente hasta el mantenimiento de las farolas, llegando a extremos absurdos como mal-vender una máquina desbrozadora de propiedad municipal, para después tener que sub-contratar su servicio anualmente.

Se puede hacer política municipal como dique de contención ante la precariedad. Se puede municipalizar servicios como han hecho en las ciudades del cambio, anteponiendo la calidad del servicio y el empleo, a supuestos ahorros económicos (recordemos, que la mayoría de los gastos en salarios revierten de nuevo en el municipio). Se pueden incluir cláusulas sociales, para que las empresas sub-contratadas cumplan con unos mínimos sociales y medio-ambientales. Se puede apostar por planes de empleo que vayan más allá de puestos para seis meses pagados por el Gobierno Vasco. Se pueden cubrir las plazas de empleo previstas en la plantilla presupuestaria, en vez de pagar a asesorías por distintos estudios. Por concretar, se puede en definitiva, desde municipalizar el Servicio de Ayuda a Domicilio, hasta dotarlo de mayor presupuesto para garantizar el salario y condiciones de sus trabajadoras, pasando por la inclusión de cláusulas sociales. 


Que nuestros vecinos no sean despedidos de La Naval en cuestión de días, que nuestras personas en situación de dependencia tengan un mejor servicio, o que el mantenimiento de nuestras farolas se haga bajo condiciones decentes es, después de todo, cuestión de responsabilidad

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